Artículo por Camila Costa, Carol Olona y Cecilia Tombesi (en parte)
Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta.
Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el golfo de México y la costa este de Estados Unidos, en algunas ocasiones arrasando con edificios y poblaciones.
Sus homólogos son los tifones, que afectan al noroeste del océano Pacífico, y los ciclones, que lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico.
Todos son ciclones tropicales, pero el nombre “huracán” se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico.
Huracanes, bombas de energía
El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico -que provoca más del 60% de estos fenómenos- es una onda tropical.
La onda empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión.
Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio.
Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, esta área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios.
Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical puede ser el germen de un huracán, pero para que este se forme necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado.
México, Estados Unidos y el Caribe: las zonas más vulnerables
Uno de los factores que explica que esta parte del mundo sea propensa a los huracanes es que el océano Atlántico, en las latitudes tropicales, tiene la temperatura adecuada para su formación durante más meses al año.
Otro es el movimiento de las grandes corrientes de vientos que empujan a los huracanes.
Los vientos alisios — las corrientes de vientos globales en el trópico — van de este a oeste llevándolos hacia las costas del Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos.
